Gastronomía

Cenas POP UP: Un viaje de imaginación a la mesa

 

Salir a comer con extraños o con conocidos de un amigo de un amigo puede que no esté en tus planes futuros, pero créeme cuando te digo que es una de las experiencias culinarias más memorables que puedes tener, en especial cuando ninguno sabe que va a comer.

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Decoración pop, para una cena pop

Si esto te parece un poco extraño sigue leyéndonos porque la semana pasada estuvimos en una de las increíbles CENAS POP, un formato muy entretenido para aprender y disfrutar una extendida cena.

Mauricio Jofre, más conocido como @nakedchefjofre es quien nos guía en esta experiencia única que a través de 9 tiempos nos lleva a descubrir sabores y sensaciones que solo el placer de la buena mesa nos entrega. Todo esto acompañado con un maridaje de vinos y cervezas. En Rompiendo el Corcho tuvimos la oportunidad de asistir a la primera CENA POP UP y te contamos como fue este exorcismo gastronómico, como le gusta definirlo a Mauricio.

Los primeros tiempos

La cena parte con un suave y tibio pan, entregado en un packing poco tradicional, pero que conserva su temperatura esperando combinarse con una suave mantequilla con algas que hace un juego de aromas y sabores. A los pocos minutos, los 14 comensales, sin conocerlos vemos como llega el primero de los 9 platos: Jamón de cerdo ibérico, el mismo que se alimenta por 4 meses solo de bellotas y hace que su carne tenga un sabor impregnado a estos frutos de la península ibérica. Para jugar con los sabores, Mauricio nos ofrece maridarlo con Westmalle Tripel, cerveza belga de intensos 9,5 grados de sabor.

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Tierra y pasto. El segundo tiempo.

El siguiente paso nos lleva a un colorido jardín en donde encontramos diversos tipos de hojas florales, así como hongos, brotes verdes y delicadas láminas de trufa, entregando una agradable sensación de pasto y tierra en la boca, el cual marida muy bien con la acides de St. Louis Framboise, una delicada cerveza de 2,8 grados, que se elabora a base de frambuesa y que de a poco hace que los comensales ya vayan entregando sus impresiones.

El tercer tiempo nos vuelve a sorprender con un huevo de campo, preparado por 50 largos minutos a una temperatura de solo 60° y que descansa sobre una cama de papás nativas con un toque de trufa, las cuales generan una explosión de sabor un tu boca al maridar con cremosa Kasteelbier Donker de 11°.

Entre tiempo

Un vaso arrugado de papel simulaba ser nuestro “plato” para el cuarto tiempo. En su interior trozos de cordero curado con salsa de ostra era abrazado por una granita de manzana que era decorado por un polvo de alga. El maridaje, a cargo de Maldito Chef, era un misterio para quienes estábamos en la mesa. Desde la cocina llegaron unos vasos de fondo oscuro y transparente. Una reinvención del old fashon, con jugo de manzana, mora, hielo, limón y pisco. Una acierto de aventura.

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Mi favorito. Quinto tiempo.

El quinto tiempo. Mi favorito. 2 recetas que se conocieron y vivieron en un plato. Un puré de camotenoisette era la cama para que reposara un raviol de cothechinno y lentejas. De lejos un Carménère de testigo.

Ya han pasado varios minutos, cada comensal tiene un favorito hasta el momento. Las risas abundan, la conversación es más ligera y la sonrisa más extensa. Ahí llega el Po’opó de Juan Fernández, delicado pescado blanco cubierto de pasta de verduras cítricas y tinta de calamar que marida perfecto con un Sauvignon Blanc nacional.

Seis platos y más de 20 historias han pasado por la mesa

Alargue

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Red & White. Séptimo tiempo.

Quizás fue el plato más potente en lo visual de la noche. El séptimo tiempo era una pintura. Un delicado pichón decorado con trozos de betarraga cruda sobre puré de hinojo. Para beber una intensa Kasteel Rouge que en 8° mezclo la cerveza negra con el licor de cereza.

Llegando ya al final algo sabemos de nuestros compañeros de mesa, entre secretos y miradas llega un pechito de cerdo, el cual se junta con una papa de apio y un sutil píckle de manzana que finaliza con Cuvee du chateau, una insignia de Kasteel.

  El final

Un pecado permitido. Tarta volteada, alcaparras caramelizadas, limoncello y helado de lemon grass, que finalizó con un ponche de frutas, servido en la mesa, como lo hace la familia. Luego pasamos al café, a las últimas risas y el último regalo de Mauricio: Un bello y delicioso macarrón, ideal para cerrar la velada.

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Un accidente visual. Noveno tiempo

Las cenas POP UP se realizan interviniendo un lugar, armando un comedor grupal en donde sin conocernos, emprendemos un viaje culinario único. Las cenas son esporádicas y en Rompiendo el Corcho esperamos poder contarles de la próxima parada de Mauricio y este viaje único por la gastronomía. El costo varía según los tiempos, el viaje que emprendimos nosotros tiene un costo de $50.000 por personas e incluye todo lo que te contamos.

Entusiasta del vino, whisky y destilados. No me dejaron poner videojugadora ni viajera como profesión, por lo mismo hoy escribo de bits y acumulo timbres en mi pasaporte.