Cervezas Recetas

Receta: Chuletas Carlsberg

Los días fríos han llegado y es aquí cuando cada uno se prepara para recibirlos de la mejor manera, algunos buscan refugio cerca de una acogedora chimenea o con una exquisita taza de chocolate caliente, mientras otros se dedican a crear preparaciones de esas que dan gusto compartir en invierno, que te ayudan a mantener el calor y sobre todo a explorar los sabores que te deja el invierno.

¿Quién dijo que en invierno la cerveza no puede ser un buen acompañante de las comidas? o mejor aún, utilizarlas para marinar preparaciones y realzar sus sabores. Como ejemplo de ello y con más de 170 años de historia y evolución científica, Carlsberg se ha convertido en probablemente la mejor cerveza del mundo, siendo una lager con un dominante carácter de malta, acompañada de un aroma suave, perfectamente balanceado entre frutas y malta, con un color dorado verdoso que bajo una espumosa corona blanca está hecha para deleitar a los paladares más exigentes, lo que la convierte en una compañera ideal para maridar o cocinar.

Santiago Sahli, cocinero y escritor del libro Sansabor, nos enseña cómo cocinar una rica preparación para mantener el calor en los días fríos de invierno, utilizando este ingrediente tan especial y muy deseado por los chilenos, como lo es la cerveza Carlsberg.

Santiago nos cuenta: Chuletas kassler cocinadas con tranquilidad en cerveza Carlsberg, ajo chilote, hinojo y membrillo, con papines, repollo y una prieta (por qué no).

Para 4 personas • Trabajo: 45 min / Total: 3 horas

* Necesitas una olla grande o fuente con tapa que puedas meter al horno*

 Ingredientes:

  • 4 chuletas kassler
  • 1 botellín de cerveza Carlsberg
  • ½ cebolla
  • 1 diente de ajo (chilote harto mejor)
  • 1 zanahoria
  • 1 vara de apio
  • ½ hinojo
  • 1 membrillo
  • 1 cucharadita de eneldo
  • 6 papas enanas
  • ¼ repollo blanco
  • ½ taza de vino blanco
  • 1 cucharada de vinagre blanco
  • 1 prieta
  • 1 puñado de perejil fresco
  • mostaza fuerte, Dijon o una alemana

Preparación:

Las chuletitas necesitan amor: la noche antes ponlas en un taper y báñalas en la cerveza. Cuida que todas queden en contacto con la cerveza. Tapa y guarda en el refrigerador.

Para iniciar la faena pica fina la cebolla y el ajo. Pica en cubitos la zanahoria, el apio y el hinojo. Pela los papines y déjalos sumergidos en un bol con agua. Corta el cuarto de repollo en dos partes iguales y amárralos con una pita para que no se separen las hojas entre sí. Pela el membrillo, córtalo en 4 y a cada cuarto córtale la parte dura con las semillas.

Prende el horno y déjalo calentar a temperatura mínima (120 ºC aprox).

Calienta la olla a fuego medio y echa dentro un buen chorro de aceite de oliva. Echa la cebolla y el ajo, junto con la zanahoria, el apio y el hinojo. Agrega unas pizcas de sal, pimienta fresca y el eneldo. Saltea por unos 3 minutos, o hasta que la cebolla se vea suave y blanda. Baja el fuego al mínimo, echa el vino y el vinagre, mezcla bien y reparte el sofrito de manera pareja sobre el fondo de la olla. Una cama, digamos.

Acomoda las chuletas sobre su cama, un poco montadas entre sí, de modo que quede espacio para los demás invitados. Amontona al lado la papas y los cuartos de membrillo. En el espacio que sobra acomoda los dos trozos de repollo.

Echa unas 2 cucharaditas de mostaza en algún hueco que quede por ahí. Finalmente, riega todo con la cerveza con la que remojaste las chuletas.

Apaga el fuego, tapa la olla y métela al horno. Cocina por 2 horas a fuego mínimo.

Por mientras sumerge la prieta en una olla con agua hirviendo por unos 3 minutos, para que bote aceite. Sácala y déjala reposar sobre un plato. Cuando falte media hora de cocción de la cacerola, sácala del horno, ábrela y acomoda la prieta por ahí. Vuelve a tapar y continúa con el cocimiento dentro del horno.

Antes de servir, saca el caldo con un cucharón y cuélalo sobre un recipiente. Reparte el perejil picado encima y acompaña con unas buenas cucharadas de rica mostaza. Pon en cada plato una taza con el shot de caldo.

 

 

Entusiasta del vino, whisky y destilados. No me dejaron poner videojugadora ni viajera como profesión, por lo mismo hoy escribo de bits y acumulo timbres en mi pasaporte.